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Junio 2, 2008
EL LIBRO DE ROSTROS
No,
no es una trilogía de ciencia ficción o épica,
tampoco es una colección de libros best sellers. El libro
de rostros, o Facebook, en su traducción en inglés,
es un sitio Web que se especializa en redes sociales. Funciona de
una manera muy simple, sólo necesitas de un correo electrónico
y de muchas ganas de exponer tu vida en Internet al resto del mundo.
Últimamente el Facebook ha incrementando sus usuarios de
manera abrupta, es que hoy en día no puedes dejar de tener
Facebook. Pareciera que el no tenerlo es una discapacidad social.
Incluso los que no han querido abrir su cuenta eventualmente terminan
sucumbiendo a la presión grupal. El Facebook no es una página
Web más, es una invención que actualiza todos los
esquemas de interacción social y está para quedarse.
Son los pasos evolutivos de la sociedad en la que ya no se puede
retornar y por ende, tocará adaptarse, ya que si bien ofrece
ciertas ventajas o medios de entretenimiento, también es
una cuna de aspectos negativos que con el seguir del tiempo se van
a ir develando. Principalmente, el Facebook es un atentado a la
privacidad que creció tan rápido, tan fuerte y más
importante, totalmente camuflado para poder hacer algo al respecto.
El Facebook funciona de una manera muy sencilla.
Solo necesitamos de nuestro e-mail (preferiblemente Hotmail, Gmail,
u otros que tengan ya creada una lista de nuestros contactos) para
inscribirnos. No hay que efectuar ningún pago así
que ¿si es gratis, no cuesta verdad? En todo caso, en menos
de unos minutos ya tenemos una cuenta en Facebook, que por cierto
la abrimos porque como dije anteriormente, esta página web
ya es esencial en el entorno social y si no estamos dentro de la
comunidad entonces seríamos unos marginados sociales. No
falta la persona que en la fiesta comenta del comentario que hicieron
sobre la foto que treparon en el Facebook. Obviamente el que no
tiene Facebook tiene que encontrar la manera más hábil
para cambiar de tema. Pero me estoy adelantando. Una vez creada
la cuenta podemos “trepar” (upload) todas las fotos
que tenemos. Ahora que las cámaras son digitales es una gran
ventaja ya que el escaneo era una limitación para muchas
personas con inhabilidad tecnológica. Una vez trepadas las
fotos, procedemos a “taguearlas”, que quiere decir ponerle
nombre y apellido a todos los individuos que salen en dicha foto.
Este proceso no termina aquí. Todos en tu lista de amigos
pueden observar este álbum creado y así mismo, comentar
al respecto. Proceso sencillo pero desgraciadamente se vuelve engorroso
en todo sentido.
No quiero ni comenzar en la cantidad de tiempo
que uno puede perder viendo álbumes de fotos de toda la lista
de “amigos”, que tengo que recalcar que la lista de
amigos cada vez es más grande debido a la insistencia automática
del mismo programa en amarrarnos los unos a los otros con un nudo
militar para no salir de él. En todo caso, si bien es divertido
chequear fotos, ¿en realidad queremos ver todas las fotos
que trepan nuestras amistades? El problema es que están ahí
y en un tiempo de ocio (normalmente suplido en la década
anterior con un buen juego de Solitario) terminamos viendo todas
las fotos y no solo eso sino comentando cada una de ellas. Nunca
pensé que en una tarde lenta de trabajo iba a terminar viendo
fotos de un Baby Shower. Al menos no hubiera sido mi elección,
pero están ahí y solo falta una foto intrigante para
que desencadene el ansia de la curiosidad. Por cierto, el lunes
es el día de mayor tráfico para ver las fotos nuevas
trepadas debido a que corresponden al fin de semana, así
que si quieren comenzar bien la semana por favor ingresen el lunes
y pierdan todo el día viendo fotos triviales. Mejor a aún,
comenten para que quede constancia de que la vieron y de que tienen
talento cómico en sus remarcables comentarios.
En sí, esto es un aspecto positivo ya
que nos brinda una forma de entretenimiento (usualmente en horarios
de trabajo, porque ya las cadenas las hemos visto casi todas). El
problema radica en que ¿qué tal si no queremos salir
en una foto en particular? Es lógico que si alguien quiere
trepar una foto relativamente normal para él o ella pero
totalmente comprometedora para un tercero, igual lo pueden hacer.
Una de las razones por las que me inscribí en Facebook, fuera
de que la ola era demasiado grande para no cogerla, fue para estar
consciente de qué fotos podían trepar que yo no quisiera,
o qué comentarios pudiesen decir de dichas fotos. Siempre
discutía con las personas que no se querían inscribir
porque decían que era peligroso. Bueno, ya es peligroso y
eso nadie lo puede cambiar, pero sí podemos estar al tanto
de que tan peligroso y ver maneras de solucionarlo, y la única
forma es inscribiéndose. Esto da alusión a una especie
de trampa en la que no se puede salir de ella y lo peor de todo
es que me transformé en otro misionero más de esta
página promoviendo su propagación. Es verdad que no
podemos controlar que alguien trepe una foto nuestra en Facebook,
así como tampoco podemos controlar que cualquier individuo
haga una gigantografía de una de nuestras peores borracheras
y la cuelgue como cuadro en el poste de una esquina transitada en
la ciudad. La diferencia es que existen leyes que prohíben
la segunda, y aún así no las hubieren, las probabilidades
de que eso pase son nulas en comparación a la incidencia
en Facebook.
Si bien incluimos todas nuestras fotos, que a
nuestro juicio no nos importaría las tengan otras personas,
estas fotos pueden ser utilizadas con mala fe. Hubo un caso reciente
de las hijas de un político reconocido en que fueron atacadas
injustamente por sus enemigos. Las fotos eran de fiestas, prelis,
en el peor de los casos borracheras, pero caían dentro del
recuadro normal. Estas fotos fueron contrastadas con fotos de extrema
pobreza y de fondo acariciadas con una canción protesta de
Mercedes Sosa. Por contraste, las fotos tenían una connotación
mucho más negativa de lo que en realidad eran. Lo primero
que pensé fue que cómo se les ocurrió a estas
chicas trepar esas fotos (que repito, no tenían nada de malo,
o al menos, sé que casi todos tenemos peores), pero después
reflexioné y me di cuenta que es irrelevante si las treparon
ellas, obviamente sería un descuido, pero fácilmente
esas fotos las pudo haber trepado cualquier amigo o amiga de cualquier
evento en las que ellas eran protagonistas. Bajo este esquema, ¿acaso
se tienen que quedar en su casa enclaustradas? O es que ¿hay
que tenerle terror al lente de cualquier cámara digital de
ahora en adelante? Otro aspecto que no podemos dejar de considerar
es la información que nosotros mismos incluimos en nuestro
“profile”. En especial las personas menores de edad
y siendo más específico, las niñas. Esa información
la puede ver todo el mundo y aconsejaría que no se escriba
más de lo banal ya que se correría un riesgo de que
esa información pueda caer en malas manos. Estoy seguro que
ya han de haber casos de secuestros, violaciones, robos por haber
expuesto información de primera instancia en el Facebook.
El Facebook ofrece otras herramientas y no tardó
nada en hacerse negocio. Hay lugares de subastas, ofertas de artículos
usados, notificaciones de eventos, grupos de interés. No
quiero ser hipócrita y decir que no me he beneficiado de
estas herramientas. Es más, sin irme tan lejos, la Espina
se promociona por dicha vía. Además de esto hay cientos
de programas creados a diario para adherirla a la plataforma del
“profile”. Solo puedo agradecer que la etapa de los
jueguitos como los vampiros y de los programas adheridos ya se ha
terminado.
Dicen que todo secreto es malo, pero quiero recalcar
que llevar una vida secreta no es lo mismo que querer mantener una
vida privada. El concepto de vida privada nos dice en resumen de
llevar una vida que se ejecuta a vista de pocos, familiar, y domésticamente,
sin formalidad ni ceremonia alguna; y que no es de propiedad pública
o estatal, sino que pertenece a particulares. Al parecer esta herramienta
viola todo concepto de querer llevar una vida privada y nos encamina
a una transparencia individual y social. Yo solo estoy en espera
de qué programa me obligará indirectamente a trepar
mis estados de cuentas bancarios, a enlistar mi ropa interior, o
a describir mis más ocultos deseos lujuriosos, porque tratando
de pensar en otro aspecto privado, Facebook ya se ha encargado de
exponerlo ante todo el mundo, tecnológicamente activo, claro
está. Con esto termino el editorial ya que tengo que ir a
trepar las fotos del fin de semana en Facebook.
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